martes, 13 de octubre de 2020

Así también lleno yo mil páginas... (libros de 2020, 11/x)



Al empezar a escribir estas tontas reseñas de los libros que estoy leyendo este año lo hice más por obligarme a seguir escribiendo que porque me apeteciese, pero visto cómo nos ha salido 2020, de confinamiento en confinamiento, al final poco estoy haciendo de provecho más que leer...

Mil páginas ... o casi 900, para ser exactos. Estoy contento: hacía bastante tiempo que no me leía un libro "gordo de verdad" y, para el poco tiempo que le dedico cada día, tampoco he tardado tanto en terminarlo. Los Buddenbrook (de Thomas Mann, 1901, en traducción de -como bien pone en la portada- Isabel García Adánez para Edhasa, 1º edición de 2008, 9ª reimpresión de 2019) es otro de esos libros que, sin que yo sepa muy bien por qué, e intuyo que un poco como el que hace uso de un catador para evitar envenenamientos, mi hermano hace que me lea yo antes de hacerlo él... pues nada. Se lo agradezco por lo demás, que no lo habría cogido de primeras y ha estado entretenido. Esta novela, que aparentemente bebe en buena medida de los recuerdos familiares del autor, discurre en la ciudad hanseática de Lubeca (hoy parte de Alemania, en buena parte de la novela ciudad-estado libre) entre los años 30 y 70 del S. XIX, y narra la saga de una familia de comerciantes; o por ser más precisos la "decadencia de una familia", como reza el subtítulo del libro. Una familia que decae, sí, pero en la que en realidad no sucede nada más que la propia vida: éxitos y fracasos comerciales y matrimoniales, nacimientos y enfermedades, básicamente; tiene gracia que el autor se las apañe para llenar tantas y tantas páginas de "nada", a base de descripciones interminables de los platos de una cena o de una jornada escolar, por ejemplo, y del día a día de una pequeña ciudad (con su contexto histórico particular, y curioso a nuestros ojos, pero bueno...). Supongo que es un poco la moraleja que se le puede sacar: que todas nuestras anodinas historias personales, bien contadas, darían para una novela de Nobel. O igual no, qué sé yo...

martes, 8 de septiembre de 2020

Darwin es mainstream (libros de 2020, 10/x)


 Lo reconozco: soy de esas personas (envidiosos, creo que se nos puede llamar) que, cuando algo o alguien se hace popular, lo miran con un cierto desdén; por mucho que en realidad esa persona o cosa sea realmente buena, o incluso nos guste... Por el ámbito en el que me muevo, hay un fandom con el que me cruzo a menudo y que me resulta bastante pesado, que es el de Darwin. Y sí, ya lo sé: la publicación del Origen en 1859 dio comienzo a una revolución radical de la forma en que vemos el mundo. Reconocer la existencia de los procesos evolutivos y entender su funcionamiento perfunde hoy toda la biología (desde el estudio de las moléculas hasta el de ecosistemas enteros), y más allá; y todo esto nace de la perspicacia del amigo Darwin... ya, ya lo sé: no le quito un ápice ni de mérito ni de relevancia, pero tampoco necesito que me lo recordéis a todas horas (porque tengo esa tara; en realidad no es culpa vuestra). Cada vez que en un artículo leo un "ever since Darwin blablabla (1859)" totalmente innecesario frunzo el ceño, al igual que cuando os veo con un I think... y un arbolito tatuados, o que os escucho cambiar un "gracias a Dios" por un "gracias a Darwin". Me tenéis frito. Y hacéis que se me hayan quitado las ganas de leer cualquiera de sus obras.

... Y sin embargo, Darwin en sí me cae muy bien; lo recordaba releyendo estos días un libro que no cogía en casa desde que era un crío pequeño. Darwin. La expedición en el Beagle (1831-1836) (de Alan Moorehead, 1969; en traducción de Manuel Crespo para el Círculo de Lectores, 1980) es un librillo que, basándose en la propia crónica de Darwin, narra el viaje del científico alrededor del mundo como naturalista de a bordo del Beagle, en una misión cuyo principal cometido fue en realidad realizar una cartografía detallada de las costa del Cono Sur (por comparación el resto del mundo apenas ocupó espacio de viaje, ni lo ocupa en el libro). Es prácticamente un libro de aventuras y de curiosidades, escrito en un estilo simple, casi como para jóvenes; y al que al leerlo ahora se le nota el medio siglo en la falta de revisionismo histórico. Pero es un libro que de chaval me había encantado, antes de que "me estropeaseis" la figura de Darwin; y que al releerlo ahora me lo ha vuelto a salvar. Espero que me dure el estar de buenas.

sábado, 5 de septiembre de 2020

Historietas emplumadas (libros de 2020, 9/x)


 Como no contaba con salir demasiado al monte durante las pasadas vacaciones en la aldea, aproveché para leer relatos sobre las aventuras campestres de otras personas, que es un estilo de libro que me gusta mucho: entre pajareros, uno puede fácilmente identificar y sentirse identificado con las historias de los demás, desde los días catastróficos en que uno no consigue nada de lo que se había propuesto hasta esos otros maravillosos, en que uno consigue ver lo que casi ni se hubiera atrevido a soñar... Pero hay libros y libros, claro. Y aunque dentro de este estilo he disfrutado muchísimo con algunos, Featherings: true stories in search of birds (Jacana eds. 2017, editado por Vernon RL Head) no es del todo uno de ellos. ¿El problema? Que la calidad individual (tanto literaria como temática) de las historias recopiladas en este librito es muy, muy variable entre autores; y en concreto me mosquea que, si bien tocan en general a historia por autor, el editor nos ha colado cuatro de su puño y letra, que se me hicieron sin duda las más pesadas de leer. El libro además se abre a una ventanita muy reducida: las experiencias naturalísticas de los pajareros sudafricanos, un mundo no solo muy blanco (de entre los veintipico autores solo uno es negro) y de gente con un nivel adquisitivo relativamente alto, sino además muy centrado en torno a Ciudad del Cabo; lo que se traduce entre otras cosas en que varios de los autores aparecen en las historias de los demás. Y no solo es un libro escrito por ellos, sino para ellos, pues abunda en localismos que nadie hace apenas esfuerzos por explicar al foráneo... Pero bueno, varias de las historias sí me resultaron en esta relectura muy entretenidas; y además es un libro al que tengo cariño por ser un regalo que me trajo Adriaan el fin de semana que se quedó en casa. A ver si en algún momento puedo viajar de nuevo allá y devolverle la visita...

jueves, 6 de agosto de 2020

Una montaña en medio de ninguna parte (libros de 2020, 8/x)


No he tardado tanto como parece en terminar este octavo libro de 2020, a la vista del tiempo que hace que escribí la reseña del séptimo; lo que sí he tardado es en escribir esta entrada, que no es lo mismo: se me han juntado el fin del máster y la defensa, unos cuantos días de vacaciones por Galicia y otros tantos de vaguear por aquí y... bueno, la vida. La suerte es que, en realidad, la entrada de hoy ya la tenía escrita, pues me gustó tanto este libro la primera vez que lo leí que ya decidí en su día dedicarle unas líneas. En Ascension: the story of a South Atlantic island (Merlin Unwind Books. 2016. 1ª ed.), Duff Hart-Davis, escritor especializado en ensayos de historia y viajes naturalísticos, relata los avatares de la isla de Ascensión, desde su descubrimiento en 1501 (y repudio prácticamente inmediato, pues a ninguna nación parecía interesar ese montón de áridos conos volcánicos en medio del Atlántico) hasta la actualidad, en que lleva poco más de dos siglos bajo dominio británico; periodo que ha modificado sustancialmente su aspecto original. Una historia de lo más entretenida y que se lee de corrido, sobre todo si, como yo, sientes fascinación por estas islas remotas que parecen regirse por reglas que parecen absurdas sacadas de contexto (para empezar la isla fue legalmente durante décadas un barco más de la armada británica, y gobernada como tal). Aquí os dejo mi reseña original, y mi deseo de visitar este lugar alguna vez os lo podéis imaginar...

domingo, 14 de junio de 2020

Negros y franceses (libros de 2020, 7/x)

El fin de semana pasado apareció mi hermano en casa con este librillo (Corazón que ríe, corazón que llora. Maryse Condé -traducción de Martha Asunción Alonso-. Impedimenta, 2019, 3ª ed.), y me lo echó para que lo leyese. Supongo que debió de escucharlo recomendar en algún podcast o algo así; se lo pregunté, porque es muy raro que compre libros, pero, en su línea, no soltó prenda... en fin.

El libro relata las memorias de infancia de Maryse Condé, escritora francesa galardonada en 2018 con el primer "Nobel alternativo de Literatura". La mujer, guadalupeña, es francesa de pleno derecho (Guadalupe es "tan Francia" como pueda serlo Borgoña o Bretaña; no tiene un estatus diferente del de otras Regiones). Pero también es negra, como tantos antillanos. Y además es, en su contexto, de buena familia burguesa: hija de funcionarios bien posicionados dentro de la administración francesa. Y, por último, es la menor y mimada de ocho hermanos. Todos estos rasgos se entremezclan de forma tan agradable que, como veis, no me ha durado mucho: capitulillos cortos e interesantes, letra grande... y un paisaje medianamente "conocido": pues sobre Guadalupe iba el artículo que conseguí sacar en mi año en Dijon; total, que me lo he leído con ganas. Si bien aborda desde la óptica infantil de la narradora el descubrimiento de las diferencias de clase o el racismo (significativo por ejemplo cómo sus padres, de vacaciones anuales en París, se indignan con los camareros que se sorprenden de "lo bien que hablan francés", reclamando que ellos son más y mejores franceses, cultivados y con mundo), el libro es sobre todo una colección de anécdotas de la vida de una niñita antillana bien en los años 50; un contexto muy particular y seguramente desaparecido, pero muy entretenido de leer.

martes, 9 de junio de 2020

El Kruger antes del Kruger (libros de 2020, 6/x)

He tardado en terminar la relectura de este libro; de una porque es gordito y no está en el inglés más fácil de la historia, y de otra porque curiosamente en esta cuarentena estoy sacando menos tiempo para leer del que solía, al entretenerme mucho más con el ordenador... bueno, o no tan curiosamente, teniendo en cuenta que vengo de un periodo de un año en que cada día caía más de una hora de metro y cercanías...

Al lío. Tras mi primera visita al Kruger, hará pronto tres años, quedé enamorado del ambiente de la zona, y a mayores de muchas más guías de naturaleza sudafricana de las necesarias, me compré también tres libros más histórico-novelados sobre la zona. Dos de ellos (South African Eden y Memories of a Game Ranger) los releí ya el año pasado: son libros de memorias de respectivamente el primer director y uno de los primeros guardas del Parque Nacional, y cuentan historias del Kruger a inicios del S. XX. El libro que nos ocupa (Jock of the Bushveld, de Sir James Percy FitzPatrick, publicado originalmente en 1907), y que me tuvo ocupado a lo largo de mayo, es también un libro de memorias, a la par que una de las obras clásicas de la literatura sudafricana, y se refiere a una etapa anterior: la Sudáfrica aún-no-Sudáfrica "de entreguerras" (de entreguerras Boers, quiero decir), en que la República de Transvaal estaba aún en un sí-pero-no en su relación con el Imperio Británico, y buena parte de las tierras entre esta zona y las cataratas Victoria no estaba aún bajo dominio colonial. En esta época, pues, el protagonista del libro nos cuenta sus memorias de juventud en relación con su perro, Jock, el que da nombre al libro. Es en este sentido una obra muy en línea con otras de la época de aventuras juveniles en tierras semisalvajes, tipo las de London o Twain. El protagonista se dedica al comercio y transporte de mercancías en carretas tiradas por largas yuntas de bueyes entre Delagoa Bay (ahora bahía de Maputo, en Mozambique) y las ciudades interiores de Barberton y Lydenburg, siguiendo una ruta que atraviesa la región del bushveld en lo que ahora es el Parque Nacional. El libro, que es sobre todo una historia de amistad entre el protagonista y su perro, aprovecha cada uno de esos recorridos para ir dando pinceladas no demasiado sistemáticas (y que por eso tampoco aburren) sobre los parajes que va atravesando la ruta, las gentes muy variadas que surgen en el camino (arrieros y comerciantes, buscadores de oro, nativos...) y sus costumbres, el oficio de guiar carretas y la fauna local; esta sobre todo a través de las muchas expediciones de caza que ambos protagonistas emprenden para buscar algo que echar al caldero cada vez que la caravana se detiene. Este contenido, que representa lo principal de la obra, se me hace entretenido y fácil de leer, y consigue bien que el lector se meta en las escenas y capte la esencia de los personajes descritos. Digo esto porque el libro tiene como un par de añadidos, una especie de primeros y últimos capítulos en que el escritor reflexiona de una forma más filosófica y "distante" sobre su yo del pasado que se me hacen terriblemente tediosos.
El libro, por lo demás, tiene también su potencial parte de polémica. Sin el autor tratar particularmente sobre las relaciones entre razas, el contexto al que hace referencia es el que es, y aunque hay personajes nativos con mucha importancia en la obra, esta desde luego está escrita desde la perspectiva del que ve su cultura británica como superior a la local, de forma que lo natural es que domine sobre ella. Es por esto que, más aún tras el fin del Apartheid, el libro ha sufrido mucho revisionismo, y hay varias ediciones circulando con cambios y recortes en el texto. La que leí yo (Colección Modern Classics de Penguin Books, 2007) sí respeta el texto original de la obra, pero en cambio no recoge las ilustraciones originales que daban mucha viveza a una obra publicada al principio como historias sueltas en un periódico.
Puede que desde la perspectiva actual este libro ya no se vea con los mismos buenos ojos de "historias de aventuras para niños" que lo hicieron tremendamente popular en sus orígenes, pero ciertamente ofrece un punto de vista de primera mano muy interesante (y estrecho y parcial, sí) sobre una región casi aún en plena fase de conquista, donde la épica poco tiene que envidiar a la de narraciones similares situadas en el salvaje Oeste.

domingo, 17 de mayo de 2020

Estreno de Durienses en YouTube

Durienses, un documental de Carlos Rodríguez sobre la fauna ictícola de la cuenca del Duero, lleva unos cuantos meses recorriendo salas pequeñas (podríais suponer que no era uno de los estrenos más sonados) y siendo exhibido en proyecciones organizadas por asociaciones medioambientales y similares. Y yo, que tenía muchas ganas de verlo pero no me había coincidido a mano ninguno de estos saraos, me puse muy contento al enterarme por Twitter de que la Confederación Hidrográfica del Duero, productora de la cinta, lo había subido ayer a YouTube, con lo que pude verlo por fin y darle ese gusto a mi yo ex-acuariófilo de disfrutar con las correrías subacuáticas de unos peces que para el ciudadano medio seguro que son mucho más desconocidos que los de un arrecife tropical.
El documental habla al principio del origen y peculiaridades del Duero y sus afluentes, cuyas cabeceras por la margen derecha se adentran en las montañas cantábricas y la región Eurosiberiana, y que en el resto de su recorrido sufren los rigores de fríos y sequías del Mediterráneo continental; factores todos ello que modelan la fauna de sus aguas. Aprovecha después las migraciones río arriba para desovar de cuatro especies de peces, escalonadas en el tiempo (las truchas aún en invierno, y después bogas, barbos y por fin calandinos) para poner en contexto los cambios del río a lo largo del año, y mencionar de paso otras especies.
Me ha gustado mucho, la verdad. Podría ponerle como pegas que el lenguaje en algunos momentos creo que a la vez se pasa de científico y se queda corto en explicaciones, y que no mencione más especies de peces también presentes en la cuenca (autóctonas o no), siquiera someramente; pero es visualmente muy bonito, con imágenes tanto bajo como sobre el agua de gran calidad, que cubren todo el recorrido del río, desde su nacimiento en el Urbión hasta que desaparece en Portugal por los Arribes salmantinos. Podría uno imaginarse perfectamente en tiempos a los osos castellanos pescando barbos en los rápidos de las cabeceras talmente como los del norte pescan salmones... y no os cuento más, para animaros a que lo veáis. Espero que os guste tanto como a mí.