viernes, 26 de marzo de 2021

Wishlist

Cada primero de año me da por hacer balance de las especies nuevas que he visto el anterior. Por "especies nuevas" se suele sobrentender que me refiero a "de aves"; y suele ser verdad, porque son las que me hacen más ilusión, pero no solo: incluyo en estos balances todos los vertebrados nuevos, y suelo acordarme también de algún invertebrado o vegetal que me hiciese especial ilusión o que recuerde con particular cariño... pero ¡qué le vamos a hacer!, los terópodos mandan, y tiran más dos Parus que dos carretas.

La cosa es que mi afán listero está un tanto desinflado. Tampoco es que eso sea malo; de hecho esta afición corre permanentemente el riesgo, a nada que uno se implica, de derivar en una competición absurda por ver quién la tiene más larga; y de cambiar al hacer un viaje el disfrute del placer de estar en el campo por la ansiedad de tener que subrayar un nuevo nombre en la guía (yo subrayo, no "hago check"; y sí, escribo en mi guía, get over it)... pero bueno, a veces sí lo echo de menos. Por una parte, lógicamente cuantas más especies ve uno más difícil es seguir sumando, claro. Por otra parte, hace unos años me movía más con amigos muy pajareros, activos en las redes de información, dispuestos a salir de improviso y a hacer viajes específicos para ver tal especie escasa o la rareza X, aunque el entorno no fuese bonito (un desagüe en un área industrial, pongamos por caso). Ahora suelo salir al campo más "a caminar", a ver tal o cual paisaje... también lo estoy disfrutando mucho, o incluso más, pero es diferente. Total que hace bastante que tengo descuidado, no ya el tirar de cuaderno de campo cuando salgo, por más vergüenza que me dé reconocerlo, sino directamente mantener una lista de qué llevo visto y qué no. Pero es cierto que tener una lista física que revisar le ayuda a uno a recordar con cariño, las tardes ociosas de domingo, excursiones y otros momentos del pasado... Así que me dio por ponerme a ello: hacía mucho que no actualizaba mis listas de España y del Paleártico occidental (aka WP, Western Palearctic), y me he llevado el pequeño chasco de ver que la española apenas sí asciende a 354 especies (que no está nada mal, es solo que la hacía más alta, la verdad), pero la alegría de que la del WP supera por fin las 400 (está en 411), gracias sobre todo al empujón que supuso el mes que eché en Israel en 2018.

Y con miras a ir recuperando la ilusión de salir al campo más, y de hacer planes a medio y largo plazo, me pareció correcto dedicar una entrada del blog a escribir el complemento perfecto a la lista de lo que ya se ha visto: la de lo que se quiere ver. Una carta a los Reyes, vamos. Y dividida por regiones, esto es lo que me sale:

PENÍNSULA

- Hay un primer Top 5 de especies que me fastidia mucho no haber visto aún, que son las cinco especies reproductoras en España que me faltan por ver: os las ordeno de más deseada/en teoría sencilla de ver a menos tirando de las imágenes y de los mapas de distribución del ya bastante desfasado Atlas de las aves reproductoras de España de 2003, enlazando la ficha correspondiente, por si queréis curiosear por dónde y en qué hábitats se mueven:

1. Alzacola rojizo Erythropygia galactotes

Las poblaciones de este habitante de zonas semiáridas con arbustos (viñedos y olivares tradicionales, zonas de monte abierto...) están bastante de capa caída debido a la intensificación agrícola. Es además de los migrantes que más tarda en llegar de África, lo que hace que para verlo haya que ir a un secarral en verano, cosa que mis amigos no suelen estar muy por la labor de hacer. Pero de todos los de la lista es el que más ganas tengo de ver, no ya porque sea más bonito que los demás, sino por el puro concepto de "espina clavada".

2. Gorrión alpino Montifringilla nivalis

Hay una forma muy sencilla de ver esta especie, que es ser esquiador y subir a las estaciones de montaña en invierno, donde suelen estar picoteando migas, como gorriones que son. Pero como yo no soy de esos, y a la montaña subo en verano, entonces hay que subir mucho, porque estos bichos hacen honor a su nombre. En verdad he estado en áreas en principio adecuadas para verlos en Pirineos, pero no ha sonado la flauta; en fin, ya caerá...

3. Camachuelo trompetero Bucanethes githagineus

Esta especie de zonas desérticas es común en las Canarias orientales (y cada vez más en las otras también), y seguramente acabe viéndola allá. Colonizó zonas áridas del sureste peninsular a finales del siglo pasado y continúa expandiéndose poco a poco: cría en las sierras litorales de la zona y en invierno desciende a zonas de playa: en el cabo de Gata, zona típica, lo busqué sin éxito en enero de 2016. A ver si se puede hacer algún otro intento...

Este pájaro carpintero es tan escaso en España, y está tan localizado (menos de 100 parejas en hayedos pirenaicos navarros maduros), que en realidad nunca he llegado a plantearme hacer algún viaje para verlo. Sin embargo justo ahora, a principios de primavera, no debería de ser tan difícil detectarlo si uno sabe dónde mirar: están los bichos en celo y moviéndose mucho, y los árboles aún sin hojas, de modo que las posibilidades de verlos se multiplican. Queda para algún otro año.

5. Urogallo Tetrao urogallus

¡Ay, si los urogallos fuesen aún tan no-comunes como en 2003! Pero esta especie se nos va delante de las narices y, siendo aún bastante más abundante que la especie anterior (¿algunos cientos de parejas?), es tan sensible a las perturbaciones humanas que me da mucho reparo siquiera intentar verlo, así que seguramente se quede en esta lista de forma indefinida. Y me fastidia tanto más en cuanto que una vez sí lo escuché volar: estando en el pirineo leridano alguna cosa inmensa revoloteó pesadamente entre los pinos; yo no lo vi, y mis acompañantes, ¡ay!, sí...

- Finalizado el top 5 de especies que como son reproductoras como que las nota uno "más de aquí", y da más rabia no haberlas visto, vendría después una lista bastante mayor de especies migrantes no rarezas que oye, me apetecería bastante ver. Ver las que sí son rarezas también me apetece mucho, claro, o citar alguna vez una primera para España, ya puestos a soñar; pero la ¿gracia? de las rarezas está en su imprevisibilidad, y estas que menciono ahora sí son lo suficientemente regulares como para saber dónde podría esperar verlas. Hablo por ejemplo de algunas aves marinas que me faltan, como varios paíños, el frailecillo, el págalo rabero o el charrán rosado; y que tal vez caigan la próxima vez que pueda hacer una salida pelágica o me dé por sentarme en Estaca de Bares a aburrirme viendo cómo se me escapa la vida en época de migración. Hablo de algunas limícolas que al ser cada vez menos escasas se han caído de la lista de rarezas, como los correlimos pectoral y canelo. Podría meter también al carricerín cejudo y al bisbita gorgirrojo, paseriformes que nos visitan escasamente durante los pasos y que tengo muchas ganas de ver. Y por último metería el buitre moteado, especie africana de presencia habitual en la zona del Estrecho.

- Por último, para terminar de engrosar mi lista ibérica me gustaría meter algunas especies que no he visto en España, pero sí allende nuestras fronteras. Algunas sí serían rarezas aquí, y otras (ya) no, "solo" migrantes escasas. Hay, como en el párrafo anterior, un batiburrillo, un poco de todo: aves costeras y acuáticas como el charrán ártico o la pagaza piquirroja, el avetoro o la gaviota enana; rapaces como el aguilucho papialbo o las águilas moteada y esteparia, paseriformes como la lavandera cetrina, el mosquitero silbador o el papamoscas papirrojo; y hasta una especie reproductora, localizada sin ser demasiado escasa: la perdiz pardilla.

RESTO WP

El WP típico de las guías (Imagen)

Puestos a soñar... puestos a soñar, algún día se irá el maldito virus, y también tendré dinero, tiempo y sobre todo ánimos para volver a hacer viajes, que es algo que a día de hoy me agota de solo imaginarlo. Pero algún día volveré a coger un avión o un barco; algún día volveré a salir de la Península. Y ese día... ¿dónde querré ir? Pues seguramente no os parezca que escojo destinos muy exóticos, pero mira, a mí me da igual; cada uno encuentra el gusto a su manera:

- Me gustaría ir lo primero de todo a Fuerteventura, a completar mi lista española con las especies norteafricanas presentes allí (corredor sahariano, avutarda hubara, tarro canelo, tórtola senegalesa, rabijunco etéreo...), más la bonita tarabilla canaria como endémica. Y ya que estamos, y para completar las endémicas de Canarias, habría que escaparse alguna vez a Gran Canaria para ver el recientemente splitado pinzón azul. Y también me haría mucha ilusión ver todas las especies endémicas de reptiles del archipiélago, y los hábitats que me faltan, ¡por supuesto que sí!

- Y después de Fuerteventura, mi destino soñado es Córcega, ya veis: que tiene un buen conjunto de endemismos, tanto aviares, de la isla o la región tirrénica (trepador corso, verderón corso, currucas sarda y subalpina), como de herpetos, para lo que estaría genial añadir Cerdeña a la visita.

- A mayores de Fuerteventura y Córcega, la verdad es que creo que me haría más ilusión ir sumando "de casualidad" especies centroeuropeas "comunes" ausentes en España que plantearme viajes específicos a regiones exóticas. Pienso en aves del entorno alpino, como el grévol, la perdiz griega, el mochuelo chico o el cascanueces. O en aves escandinavas como el lagópodo común, varios búhos, patos, pájaros carpinteros o paseriformes árticos. O pienso en moverme más hacia el sureste, que en Grecia y el este europeos empiezan a aparecer varios paseriformes orientales interesantes: zarceros, currucas, collalbas, el carbonero lúgubre...

- Si "me obligáis" a hacer viajes más currados, el corazón me pide tirar hacia las islas antes que hacia cualquier otro lugar. Ver las endémicas de Madeira o Cabo Verde, claro que sí; ver porrones islándicos en, ejem, Islandia; o lagópodos, pardillos piquigualdos, piquituertos y araos aliblancos en Escocia. Ver las endémicas de Chipre, un gustazo...

- En terreno continental, creo que lo que más ilusión me haría sería volver a Israel con tiempo y con la cabeza despejada, ¡la de cosas que se pueden ver allá en primavera y otoño! Después de eso, me gustaría ver aves saharianas en Marruecos. Y eventualmente, y si algún día consiguiese vencer mis miedos y perezas, las maravillas aladas de las montañas caucásicas.

¿¿¿Y además???

¿Pero queréis que sume aún más destinos? ¡Si no voy a tener ni tiempo ni dinero! Habrá que ser realistas... Pero bueno, puestos a que nos toque el Euromillón sin jugarlo, me gustaría (por no mear muy lejos del WP) visitar Omán, y las montañas de la Arabia Felix cuando se pueda, que están llenas de especies que me llaman muchísimo la atención. Y saltar de ahí a Socotra, otra isla maravillosa. Y siguiendo con la temática insular, visitar São Tomé y Príncipe; ySeychelles, las Mascareñas y las Comoras, antes que Madagascar; y en realidad Tristán da Cunha, Asunción y Santa Elena antes que ninguna otra isla africana. Ahora que ya la tengo bastante trillada y me siento cómodo no me importaría volver a Sudáfrica, a seguir sumando las especies que me faltan. Y puestos a viajar aún más lejos, la verdad me llaman más la atención la diversidad moderada y de las zonas templadas que el agobio obsceno de las tropicales: Norteamérica antes que el Amazonas, Japón antes que la Sonda, Nueva Zelanda antes que Australia...


... y yo creo que como carta a los reyes ya vamos bien, ¿no? Ya iré actualizando esta entrada cuando toque.

domingo, 14 de marzo de 2021

Nací(o) en el Mediterráneo (libros de 2021, 4/x)


Una de las muchas cosas buenas de tener una amiga como Raquel es que de vez en cuando los Reyes te dejan algo en su casa también; en este caso el 4º libro del año. Qué bien, tras varios ensayos tenía ya ganas de un poco de ficción (aunque, al ser novela histórica, uno no deje de aprender algo). Y además me ha gustado bastante y me lo he despachado deprisa; también ayuda el hecho de volver a echar varias horas a la semana en el metro y la renfe con esto de volver a trabajar...

El libro es una adaptación novelada de las peripecias de León el Africano, autor cuya vida por otra parte se conoce (o se supone más bien) a partir de su única obra completa: Della descrittione dell’Africa et delle cose notabli che ivi sono, una descripción de sus viajes a ambos lados del Sahara que, si bien resulta ajustada a la realidad, no sabemos cuánto tiene de vivencia autobiográfica, cuánto de testimonios recogidos de terceros, o cuánto de invención. Ateniéndonos a este libro, la familia de León habría abandonado Granada siendo este un crío poco antes de su captura, emigrando a Fez. Allí el joven habría recibido una buena formación y emprendido una serie de viajes de negocios y diplomáticos al servicio de diversos señores, que lo habrían llevado de imperio islámico en imperio: del Songhai al sur del Sáhara al de los mamelucos en Egipto, y luego al Otomano. En algún momento de estas peripecias es capturado y puesto al servicio del Vaticano, de León X primero y de Clemente VII luego, que se habrían valido también de sus servicios como diplomático. Se le pierde la (tenue) pista histórica a León tras el sacco de Roma y se le supone de vuelta en tierras moras.

La novela, de Amin Maalouf (periodista de guerra y escritor franco-libanés, gran conocedor de primera mano de las relaciones y tensiones entre los distintos pueblos de Oriente Medio), se aprovecha mucho de la obra original de León, pero rellena los huecos de esa narración pintándonos en primera persona un personaje simpático y que, como Simbad el Marino, tiene la suerte de caer siempre de pie, por muy inverosímiles que sean las circunstancias de la vida. El carisma del personaje por un lado, y el marco en que se encuadra su vida (y la novela) por otro, en unas primeras décadas de la Edad Moderna en que el Mediterráneo está terriblemente tensionado entre imperios cristianos y musulmanes, hacen que el libro entre muy bien; son quinientas páginas que casi ni se notan.

sábado, 27 de febrero de 2021

Estampas subsaharianas (libros de 2021, 3/x)



Ya ha caído el segundo de los libros de Reyes: Ébano, de Ryszard Kapuściński. ¿Sabéis quién es? Yo no lo sabía, y el libro tampoco es que ayude; ya lo veis en la contraportada (voy a ver si me acostumbro a subir fotos de ambas caras del libro en estas entradas): un largo texto de un señor que tampoco sabemos quién es diciendo que el libro le gustó, y apenas una mención a que Kapuściński fue premio Príncipe de Asturias y a sus otros libros publicados por Anagrama. No sé, me hubiera gustado una breve indicación sobre de qué va el libro y quién era este caballero...

Para los propósitos de esta entrada ya os lo cuento yo. Kapuściński fue un periodista polaco, presente en buena parte de las revoluciones acaecidas en convulsas décadas centrales del S. XX. Y Ébano recoge una colección inconexa de "escenas": capítulos breves, en general sin conexión entre ellos, que narran historias de distintos años y países; recuerdos del autor tras 40 años cubriendo noticias en África subsahariana, desde la independencia de Ghana en 1957 hasta los últimos conflictos de los 90 y la entrada de estos países en el S. XXI. Muchos de estos capítulos, en general los que narran historias más costumbristas (descripción de la vida cotidiana en tal o cual región), hacen que el autor me caiga un poco gordo: el tufillo de fondo es que "África es un mundo tan complejo y distinto que tú, occidental poco informado, eres incapaz de entender lo que sucede en esas tierras, lo que pasa por las mentes de sus gentes; así que ya te lo explico yo, que sí que he conseguido penetrar sus secretos... tú siéntate y escucha calladito". Ciertamente el desarrollo de la Humanidad en África subsahariana ha seguido rutas distintas a las que experimentó la mayor parte del globo: hasta prácticamente el S. XX, y debido en buena medida a condiciones ambientales mucho menos domeñables que en otras latitudes, ha sido un continente casi sin países, sin imperios ni fronteras, sin potencias hegemónicas ni culturas dominantes; y eso ha dejado una huella en la forma de ser y de pensar de sus habitantes que sí, resulta a veces chocante... pero siento que el autor se empeña en dar un peso muy grande a lo diferente, obviando que hay un estrato común mucho más fuerte: que todos somos, en esencia, humanos. Mi brevísima experiencia viviendo en Sudáfrica, más mis conversaciones con una amiga que ha vivido varios años en Senegal y Gabón, van en una línea mucho más similar a la que destila también el primer libro de este año: que más allá de diferencias culturales secundarias, hay buena gente y cabrones en todas partes, y es muy fácil calarlos...

Me he alargado un poco hablando de lo que no me ha gustado del libro, pero en esencia, en conjunto, sí me han gustado los paisajes que pinta; es más, los capítulos más periodísticos (el derrocamiento de Samuel Doe en Liberia o el golpe de estado contra el sultán de Zanzíbar) o más de crónica política (una semblanza de Amín o la explicación del genocidio ruandés) me han gustado mucho, y no dudo de que Kapuściński fuese un gran periodista y que mereciese las distinciones adquiridas. A fin de cuentas, para mí es muy fácil criticar desde casa...

sábado, 20 de febrero de 2021

Reenganchándome a la sociedad

Pues nada, parece que me vuelvo a Madrid. Pero ¿volver, desde dónde? Resulta que llevo en casa de mis padres en Orense desde diciembre: justo coincidió la reapertura de cierres perimetrales con que falleció un tío nuestro, y con la excusa a primeros de mes vinimos para aquí mi hermano y yo. Yo, con la idea de "no regresar": en condiciones normales estoy muy a gusto en Madrid, pero en este año del virus de las narices en que es mejor ni salir de casa ni quedar con nadie, pues nuestro piso familiar es más espacioso que el que compartimos en Madrid; y además aquí no tengo que preocuparme de molestarlo los días en que le toca teletrabajar. Por no hablar de que, en cierto modo, estando sin cobrar el paro desde hace ya algunos meses me siento "menos mal" viviendo a expensas de mis padres que a expensas suyas; yo qué sé...

Total, que en estos dos meses largos parece que el proceso de recuperación del colapso otoñal va yendo a mejor. Lo digo porque, aunque la parte de querer socializar, hacer planes y salir de casa sigue fallándome mucho (la pandemia me viene bien como excusa, pero lo que hay de fondo no es eso), entremedias he tenido algún contacto que otro con el mundo laboral y no se me ha venido todo abajo. Lo más relevante fue tal vez que me escapé a primeros de enero unos días a Madrid, para hacer un examen para entrar en una bolsa de trabajo de técnico del herbario de la Escuela de Montes: los tres que pasamos con notas raspadas el primer filtro de una parte teórica bastante enrevesada hicimos luego una prueba práctica; me entretuvo mucho tener que hacer y teñir casi a la buena de Dios un corte de una rama, y tener que identificar dos plantas con el Bonnier, cosas que no hacía desde primero de carrera... pero bueno, salí al paso de eso también y ahora están evaluando los méritos laborales de los que seguimos en liza.

Pero dejando eso a un lado, lo que de momento parece que me mantendrá ocupado vuelven a ser tareas administrativas, un poco en la línea de mi curro en el CSIC de 2019: me contratan en la Oficina de Proyectos Europeos e Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid, para dar servicio a los equipos que quieran pedir proyectos de este estilo, que son muy golosos por la cantidad de financiación con que suelen contar: dar difusión a convocatorias, ayudar con las solicitudes y con las evaluaciones anuales... esas cosas, ya me iré enterando. ¿De momento? Agobiado y sintiéndome incapaz, pero lo suficientemente entero como para haber dicho que sí; ya a partir del 1 de marzo que empiece iré quitándome los miedos de encima, si Dios quiere. Y además que, ya que volveré a trabajar al campus de Cantoblanco, tengo muchas ganas de ver qué tal le va a mi pedacito de cultivo madrileño de secano favorito...

domingo, 7 de febrero de 2021

"El hombre más famoso después del Diluvio" (libros de 2021, 2/x)


Vamos con la reseña del primer libro-regalo de la pasada Navidad: La invención de la naturaleza, una biografía de Humboldt a cargo de Andrea Wulf. Reseñar una biografía es una tarea que se presta a confundir la crítica del trabajo del biógrafo con la crítica que nos merezca el sujeto sobre el que escribe. Intentando ceñirme a lo primero, creo que la autora ha hecho un buen trabajo: a tenor de sus casi 600 páginas de letra minúscula creí que tardaría bastante más en terminarlo, pero luego resulta que 1/4 del libro lo consume en realidad una última sección de referencias (libros, cartas...) en que se basa el texto principal. Esto nos permite llegar a una primera conclusión sobre el libro: que, como biografía, está tremendamente bien fundamentado. Con todo, no dejan de ser casi 450 páginas de letra minúscula, lo que me permite sacar una segunda conclusión más personal: es un libro bien escrito y agradable de leer. Si bien se ocupa de la figura del alemán de forma eminentemente cronológica, muchos de sus capítulos cortan la trama puramente histórica para detenerse más en desarrollar su relación a lo largo del tiempo con alguna de las figuras de su época (o que bebieron de su influencia en años posteriores); el libro no obstante se lee muy bien, y estos capítulos intermedios no son interrupciones molestas.

Tras aprobar en general con buena nota la labor de la biógrafa, supongo que puedo ocuparme también del biografiado. De Humboldt tenía un conocimiento bastante de segunda mano: una figura que estaba ahí, que asomaba en la obra de tal o cual autor, o en el hombre de algunos seres vivos y accidentes geográficos sudamericanos. Sabía que era un naturalista alemán que "había viajado mucho", y poco más. Tras terminar el libro evidentemente sé mucho más, pero la sorpresa me viene de no poder justificar mi desconocimiento anterior: ¿cómo puede ser que un hombre ("el más famoso después del Diluvio", diría sin exagerar demasiado de él el rey de Prusia -y a la sazón su jefe directo- Federico Guillermo IV) cuya muerte en 1859 fue llorada, y diez años más tarde el centenario de su nacimiento celebrado en todo el mundo occidental, de Nueva York a Ciudad del Cabo, de Caracas a Sídney) no aparezca en los libros en que estudié biología más que tangencialmente? En realidad la propia autora lo explica bien en el último capítulo: Humboldt no protagonizó un "gran descubrimiento", sino que su visión sobre la naturaleza permeó de tal forma la sociedad de su época que sus ideas, aunque hayamos olvidado al hombre, definen nuestra concepción actual de la Ecología como ciencia y del ecologismo como movimiento social, de las políticas conservacionistas y de la literatura de naturaleza. Y si me apuráis de la literatura en general, y de la política y de muchos más campos. Sorprende desde luego ver capítulo tras capítulo cómo un para ti hasta entonces desconocido va tratándose de tú a tú con personalidades como Goethe, Napoleón, Simón Bolívar, Darwin o Jefferson, entre muchos otros. Cómo reciben al "famoso viajero y naturalista" en todas las cortes de Europa y en todas las sociedades científicas y Academias... y cómo muchos de ellos narran en sus obras y cartas sentirse fascinados por Humboldt, sus escritos e ideas... No sé, leeros esta u otra biografía, y a ver con qué opinión os quedáis vosotros :-)

viernes, 5 de febrero de 2021

Monerías (libros de 2021, 1/x)


Tengo una única cosa mala que decir de este libro (de esta edición, más bien): no entiendo por qué ponen un mandril en la portada de un libro sobre babuinos. Y una cosa muy buena que decir, antes de todas las demás: no es que sea mi nuevo libro favorito, pero la verdad hacía tiempo que un libro no me daba ganas de acostarme antes por tener más tiempo de leer antes de que me entrase el sueño, ganas de leer en vez de perder el tiempo tristemente en RRSS, que es a lo que más dedico mi ocio últimamente; echaba de menos el enganche...

Sapolsky es un neurólogo estadounidense muy interesado por el trabajo con animales silvestres que, siendo estudiante a principios de los 80, cuando investigar sobre el estrés era lo más, empezó un estudio de campo que se prolongaría durante un par de décadas, analizando con babuinos de Kenia cómo el estatus social de los primates dentro de su grupo (ser un líder, un individuo popular, una hembra deseada o, literalmente, el último mono) se traduce en variaciones en la sangre de las sustancias que produce el estrés. Este libro recoge sus experiencias visitando Kenia varios meses cada año: habla de babuinos, sí, pero menos de lo que esperaríais; es sobre todo una colección de las impresiones de un hippy urbano de veintitantos abandonado a su suerte en medio de la sabana: de sus impresiones tanto del trato con los nativos de las reservas como del funcionamiento de un país casi recién independizado. Un libro muy bienhumorado y entretenido que esconde sin embargo casi en cada página reflexiones muy lúcidas sobre el comportamiento y la forma de ser del hombre, más que de los monos sobre los que en teoría trata. Recomendable en mi opinión.

viernes, 1 de enero de 2021

Balance listero de 2020... y algo de lo que no es lista

 Aún medio adormilado, caí en la cuenta del día que era y de que tenía que estar atento a ver cuál era la primera especie de 2021 ya a punto de salir a la calle para ir a Misa, cuando ya había subido todas las persianas sin haberme parado a mirar lo que sea que pudiese haber fuera. Como sea que no fui capaz de distinguir si algo que sonaba a lo lejos era un colirrojo o un tendedero oxidado, el primer pajarete del año fueron, como en 2019, las gaviotas patiamarillas que volaban recortadas contra el cielo gris; seguidas muy de cerca por unas lavanderas blancas que se enseñoreaban de las aceras casi vacías...

2020, ¿eh? ¡Qué año, en todos los sentidos y acepciones! Como quiera que no me acerqué a principios de diciembre a Daganzo para ver el primer estornino rosado de Madrid, que se lo puso muy fácil a la gente aquerenciado como estuvo durante días en un caqui, creía que este año por primera vez en mucho tiempo no tenía nada nuevo que rememorar hoy, ningún vertebrado, nada reseñable... hasta que caí en la cuenta ayer revisando fotos de que a finales de febrero había visto en Madrid Río mi segunda polluela pintoja Porzana porzana; mi primera para España, que es lo que ahora nos interesa. Hela aquí:

La foto es pichí pichá (para variar), pero no paraba quieta y era casi de noche, así que bastante es. Fin del repaso a la lista de 2020, vamos con el resto:

Al revisar fotos recordé también que a primeros de año había escrito una crónica de mi primer viaje: la tradicional visita navideña a Raúl, que este año etc etc covid etc etc. En ella decía, jejeje, que a ver si retomaba la costumbre de escribir en el blog tras salir al campo, siquiera como ayuda para la memoria... Bueno, sorpresa sorpresa: no lo hice; este año el blog ha bebido de reseñar los libros que iba leyendo, y al menos eso sí lo he cumplido. Tampoco es que saliese mucho al campo, claro, covid etc etc, pero algo sí, y ya antes de que nos confinaran. Había ido por ejemplo con Raquel al puente de La Marmota, fui con los del máster un fin de semana a La Pedriza, y el 8M que tanto daría que hablar me acerqué con Sonia, a la que hacía mucho que no veía, a una laguna que también hacía mucho que no veía: la del Soto de Las Juntas.

Un bonito mar amarillo de jaramagos anunciaba una primavera ya inminente. Y apenas una semana más tarde, entré en casa para no salir en tres meses... pero más de eso luego.

Del momento de empezar a salir con mucha prudencia me quedo con el bonito recuerdo de los cuatro gordos pollos de garza real Ardea cinerea a los que pude fotografiar poco antes de que abandonasen el nido, en la isleta de la fuente inactiva del lago de la Casa de Campo; primera vez que esta especie anidaba en la ciudad, otro de los muchos espacios recolonizados por la naturaleza a lo largo del confinamiento. Estábamos ya a las puertas del verano, y en verano subí dos veces a Galicia. En la primera me fui una semana con mi hermana Alicia a las playas:

Desembocadura del Xallas junto al monte Pindo

Monte y laguna de Louro

"Las", en plural, porque lo que hicimos fue dormir en Santiago e ir desde allí cada día a un sitio diferente. Lo disfruté mucho: tanto visitando lugares a los que siempre había tenido ganas de ir, como revisitando otros, la propia Santiago incluida. Volví a Madrid a entre otras cosas sacarme el Advanced, y un mes más tarde subí otras dos semanas, ya para estar con mi madre en la aldea.


Yacimiento de Aquis Querquennis

Vino JaviP un día de visita y nos escapamos Limia abajo, primero a caminar algo por el monte y luego a bañarnos en el embalse de As Conchas, mi único chapuzón del año. Volví después a Madrid, y se acabó el campo porque volvió el confinamiento...

... pero no uno impuesto por el gobierno, sino por mi cabeza. Hice referencia arriba, casi de pasada, al máster de profesorado que estaba haciendo, cosa que igual ni recordabais ya. A lo largo del mismo, clases y prácticas, me fui reforzando en mi atávica convicción de que yo en realidad no quería hacer eso, que no quería ser profesor de secundaria. Durante los meses confinado tuve tiempo de sobra de hacer pelear esta convicción con la de que "pues macho, abandonada la ciencia, o curras de esto u otro trabajo mejor no vas a encontrar ni lo vas a saber hacer, y ya tienes una edad, y no tienes nada..." etc etc. Se me fue haciendo todo bola, y cuando ¿por fin? en septiembre, con un máster aprobado con toda la desgana del mundo, tuve ocasión de empezar de verdad a currar en un colegio (en tres fue, en realidad), la cabeza no dio más de sí. Yo ya venía tocado de la tesis, y muy sobrecargado luego de los años posteriores de no-postdoc (si de aquellas leíais el blog, a mí al releerme el deterioro de ánimos conforme avanzan los meses se me hace evidente) y de los de postdoc en el extranjero posteriores que "curiosamente" no arreglaron los problemas de antes, sino que los agravaron. El cambio de rumbo de 2018 no me sentó nada bien (aunque no me arrepiento del mismo, ojo, son cosas distintas), y ya este año todas las rarezas asociadas al confinamiento, más esto de no-ser profe, terminaron de fulminarme.

Bueno, otra cosa que "me tacho" este año: ir a terapia. Con ayuda de mi psicóloga, que es un sol, y con el amor y compañía (más virtual que presencial, qué se le va a hacer) de mis amigos de siempre y de mucha gente encantadora que he ido conociendo por Twitter e Instagram; espero ir tirando hacia arriba a lo largo de este año recién estrenado. A ver si, como tarde, me contesto en 2022 qué tal ha ido...